El otro día mientras paseaba por un parque me fijé en los bancos de madera que estaban colocados a lo largo del camino.
Estaban bien diseñados, tenían líneas simples y modernas pero su orientación era completamente errónea: todos daban la espalda al sol de invierno y quedaban expuestos al viento.
Esto me llevó a reflexionar sobre cómo incluso en los detalles más pequeños, la arquitectura y el diseño urbano tienen una influencia directa en cómo usamos y disfrutamos los espacios
La arquitectura desde siempre ha sido un reflejo de nuestras prioridades. Durante siglos, se centró en la monumentalidad y la estética.
Hoy sin embargo, en un mundo que enfrenta crisis climáticas y urbanas debería centrarse más en cómo los espacios interactúan con el entorno y las personas. Diseñar no es solo construir, es anticipar cómo ese espacio será vivido
Estos bancos me recordaron que la sostenibilidad no es solo elegir materiales responsables sino también diseñar teniendo en cuenta el clima, el contexto y la experiencia del usuario.
Un buen diseño no se mide tan solo por su belleza, sino por cómo mejora nuestra relación con el entorno Y esa idea, aunque sea sutil, define el futuro de la arquitectura.